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lunes, 13 de agosto de 2012

Amigos...simplemente gracias por existir.

Escribo mis palabras sentada en el colchón, mientras recuerdo esta tarde y pienso en lo bonito que sería el mundo si sólo hubiese momentos como los vividos hoy. Para comenzar, doy gracias a esas personitas que me han hecho olvidarme por un día de los problemas. Gracias de verdad.

A pesar de que tengo cada centímetro de mi piel rojo y me escuece demasiado, esta tarde ha sido perfecta. Pensé que iba a ser mucho peor, y es que me he dado cuenta de que no hacen falta muchos para pasar un buen rato.

Entre risas y bromas iba avanzando el día, la piscina iba llenándose y nosotros solo nos preocupábamos por reír y reír como locos. Puede ser que no seamos los más guapos y tampoco los más listos, pero somos nosotros, y con eso, me basta. Puede ser que no nos llevemos tan bien siempre como hoy, pero somos nosotros, y con eso, me basta.

He aprendido a valorar algo que no se ve y tampoco se toca. Algo que, por mucho tiempo que pase, nunca se marchita. Algo que por muchas veces que te caigas, siempre te da fuerza para levantarte y para decir "aquí estoy yo y soportaré lo que venga". Algo que nunca te decepciona, nunca te traiciona y nunca te hace llorar de tristeza. Algo que puede ser fingido, pero que tiene un valor enorme. Algo llamado AMISTAD.

La amistad. Algo de lo que todos hablan pero muy pocos sienten, todos queremos un amigo verdadero pero muy pocos somos capaces de serlo. Todos queremos una persona que te haga reír hasta que te duela la tripa y sin embargo, no puedas parar; pero muy pocos son capaces de conseguir esa reacción en otra persona. Todos queremos una persona que te diga todo con una mirada, que te transmita seguridad en los peores momentos y alegría cuando las lágrimas te tapen la mirada.

Hoy puedo decir que me siento realmente bien, que he reído, he jugado y ante todo, he sido feliz. Sentirme querida ha hecho que me sintiese alguien feliz, alguien a la que quieren. No puedo decir que todos los que han ido hoy sean igual de importantes en mi vida, así que, para acabar, debo agradecérselo sobre todo a Irene Antón y a Sergio Choy.

Un beso a todos y gracias!

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