Todos tenemos sueños, y no me refiero a ese tipo de sueños de los que despiertas en el mejor momento. Me refiero a esos sueños por los que te desvives, por los que te levantas cada día con ganas y por los que piensas que no merece la pena tirar la toalla.
Pues eso señores, que todos tenemos ese tipo de sueños; todos soñamos con poseer el corazón de esa persona que nos quita el sueño, todos hemos soñado en alguna ocasión con tener un trabajo que amemos, un trabajo que nos llene y nos mantenga felices mientras lo desempeñamos. Todos hemos soñado alguna vez con hacer algo que nos parece maravilloso, y ese es el tema que trataré hoy.
No voy a escribir sobre los tipos de sueños existentes, ni tampoco sobre los sueños de distintas personas. Voy a escribir sobre los míos, sobre los retos que marcan mi día a día. Los que hacen que mi sudor resbale por mi frente y mis labios dibujen sonrisas al mundo.
Sueño con ser policía, con decorar mi pecho con una placa metálica y decir una vez tras otra eso de "tiene derecho a un abogado..."; quiero escuchar el sonido de los grilletes alrededor de las muñecas de cientos de ladrones, asesinos y otros. Vivo con la ilusión de pisar la Academia de Ávila cada mañana, de despertarme en una de sus camas y decirme a mi misma "lo conseguiste". Quiero tener en mis manos el MAD y estudiarlo como si en ello me fuese la vida. Y lo voy a conseguir.
Sueño también con pisar Italia. Pisar todos y cada uno de sus milímetros, y examinarlos todos ellos. Respirar y distinguir el olor a pasta, a pizza, a Italia, en general. Quiero salir de noche y escuchar los griteríos típicos de la Bella Italia. Sueño con poder parlar el italiano tal y cómo si fuese mi lengua materna. Deseo cada noche poder despertar en Roma, sentir Roma en cada paso que dé. Y sé que Italia está preparándose para cuando llegue, porque llegaré.
También tengo el sueño de bailar bajo la lluvia junto a mi marido. Junto al hombre que me llene de verdad, al que no me haga sufrir ni me haga llorar. Ese hombre que me despierte con el desayuno en la cama y me desperece entre caricias y besos. Que me abrace y sea capaz de parar el tiempo. Quiero bailar bajo la lluvia junto al hombre de mi vida. El padre de mis hijos y el dueño de mi corazón. Y será algo seguro en un futuro.
De ese hombre también sueño con que se aprenda el fragmento de la vida es bella, y que me despierte un día por sorpresa gritándome "Buenos días, princesa. Hoy he soñado contigo, llevabas ese vestido rosa que tanto me gusta. Pienso en ti, princesa. Siempre pienso en ti". Y que consiga enamorarme cada día más despertándome así.
No pido tanto, pues no pido dinero, ni pido un coche de un millón de euros. No pido llegar a la Luna en un cohete, y tampoco pido ropa de marca todos los días. Soy romántica y sólo pido ser feliz en familia, con los míos. No pido un chico rico que me recoja en Ferrari cada día, me conformo con un chico de barrio que me quiera por mi interior y me haga sentir la más afortunada con palabras. No pido ser presidenta del gobierno, sólo quiero llegar a policía, ser mileurista y poder escribir de vez en cuando, porque es lo que me hace feliz.
Por enésima vez, gracias a todos los que me leen. Gracias a Virginia, a Irene, a Lara..a todos, en general.
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viernes, 17 de agosto de 2012
Mis sueños, algo más que retos.
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lunes, 13 de agosto de 2012
Sólo te pido que me olvides. M.
No puedo pedirte que me hagas feliz, tal vez porque no serías capaz de hacer feliz ni a un peluche. Tampoco puedo pedirte tal cosa porque nunca serás el príncipe que merecemos las mujeres. Y por último, no puedo pedirte que me hagas feliz porque lo has intentado tantas veces que me has demostrado que una más solo me serviría para hacerme más daño y echarte más de menos cuando no estuvieses conmigo.
No puedo pedirte que me quieras, porque en estos dos años me has hecho ver que solo te quieres a ti mismo. Has hecho daño a los que me quieren, pero sobre todo me has hecho daño a mí, y, sinceramente, no quiero seguir engañándome pensando que quizá algún día, me quieras como me merezco y madures hasta el punto de querer a alguien, y es que eso no es cuestión de madurez, pues un niño de cinco años tiene más sentimientos que tú.
No puedo pedirte que me prometas un siempre juntos, ni tampoco puedo pedirte que me prometas un esto es eterno, por la sencilla razón de que ya son muchas las veces que me lo has prometido, que una vez más no cambiaría el daño que me has hecho, ni tampoco cambiaría mi idea sobre ti, que eres un mentiroso y un crío que solo sabe jugar con las chicas.
No puedo pedirte que dejes de jugar conmigo, por la sencilla razón de que en estos dos años que te conozco, no has parado de hacerlo, y a estas alturas, es algo que se ha convertido en una costumbre para ti. Tampoco puedo pedirte eso porque pienso que las malas personas necesitan jugar con los que le quieren de verdad. Simplemente, te prometo mostrar indiferencia hacia ti, hacia tus sucias palabras y hacia el daño que me intentes hacer.
No puedo pedirte que me pidas perdón, porque tu boca ha pronunciado tantas veces esa palabra que para mí, ha perdido todo el valor que tuvo la primera vez que me lo dijiste. Además, tampoco te serviría de mucho, porque no te perdonaría, una vez más no.
No puedo pedirte que cambies por mí, porque sé que no lo harás, ya que no lo haces ni por ti. Quizá, dentro de un tiempo, me dirás que te has quedado solo y que ya nadie te quiere ni nadie te cree. También me dirás probablemente que te arrepientes y que necesitas que vuelva a tu vida, pero estoy segura de que en esos tiempos seré feliz sin ti, otra persona ocupará un lugar más grande en mi corazón que el que tú has dejado hace nada. No te necesitaré ni te echaré de menos, porque pienso recordarte, claro que sí, pero te recordaré como el niñato que me hizo daño, el que me engañó y el que no debí haber perdonado tantísimas veces. Oiré tu nombre y sonreiré por haberte apartado de mi vida, tarde, pero mejor que nunca.
No puedo pedirte que seas desgraciado sin mí, y es que hay muchas razones por las que no puedo pedírtelo...La primera es que sé que mis palabras, mis lágrimas y mi dolor no te causa la más mínima reacción, sé que te encanta hacerme daño. Tampoco puedo pedirte eso porque no soy tan mala como tú, no soy capaz de desearte ningún mal por el simple hecho de que te odio tanto, que no puedo ser como tú.
No puedo pedirte que no vuelvas a mi vida, porque sé que volverás, tarde o temprano, pero volverás. Solo sé que yo seré lo bastante fuerte como para rechazarte, lo bastante feliz como para decirte que te vayas, que no te quiero y que odio es lo único que te tengo.
No puedo pedirte que dejes de insultarme a las espaldas, porque sé que no dejarás de hacerlo, pero cuando me entere, reiré alocadamente pensando en lo cobarde que eres al decirlo a la espalda, en lo poquita cosa que eres comparado conmigo y en lo mucho que pierdes dejándome ir.
Sin embargo, puedo pedirte muchas cosas, puedo pedirte que seas feliz y que dejes de hacer daño a los que te quieren, porque solo ellos responderán por ti en momentos malos. Te pido que dejes de jugar con los sentimientos de la mujer que te dio la vida, por la simple razón de que ella te quiere, y sabe que no eres perfecto, pero te acepta tal y como eres. Deja de hacerla infeliz. Te pido que encuentres a una persona que te haga verdaderamente un hombre, que te haga cambiar, porque yo lo he intentado mil veces y eres tan cabrón que ni te inmutabas en mostrar un mínimo cambio. Te pido que des todo por una chica, y no la engañes con otras, porque entiendo perfectamente lo que se siente cuando tú te vas con otras chicas. Te pido, también, que seas feliz sin dañar a los demás, que te dediques a tocar la guitarra como sabes, porque tienes talento, pero no hagas daño a aquellos que se preocupen por ti. Te pido por último que no digas más mentiras, porque tu reputación cae cada vez que no dices la verdad; y te pido que estudies, porque me importas y sé que tú vales para ello.
Debo confesar que, escribiendo esta entrada, me he derrumbado en varias ocasiones, porque han sido dos años intensos de los que me despido en una simple entrada. No puedo negar que te amo, no puedo negar que te amé y tampoco puedo negar que me costará olvidarte. Pero debo decirte también que ahora empezaré una etapa de hacer caso a la cabeza, haré caso a la razón hasta que te olvide completamente.
Adiós, capullo. Te quise, te amo y te amaré, pero ante todo, en un tiempo, te olvidaré. Se acabó eso de sufrir por ti.
No puedo pedirte que me quieras, porque en estos dos años me has hecho ver que solo te quieres a ti mismo. Has hecho daño a los que me quieren, pero sobre todo me has hecho daño a mí, y, sinceramente, no quiero seguir engañándome pensando que quizá algún día, me quieras como me merezco y madures hasta el punto de querer a alguien, y es que eso no es cuestión de madurez, pues un niño de cinco años tiene más sentimientos que tú.
No puedo pedirte que me prometas un siempre juntos, ni tampoco puedo pedirte que me prometas un esto es eterno, por la sencilla razón de que ya son muchas las veces que me lo has prometido, que una vez más no cambiaría el daño que me has hecho, ni tampoco cambiaría mi idea sobre ti, que eres un mentiroso y un crío que solo sabe jugar con las chicas.
No puedo pedirte que dejes de jugar conmigo, por la sencilla razón de que en estos dos años que te conozco, no has parado de hacerlo, y a estas alturas, es algo que se ha convertido en una costumbre para ti. Tampoco puedo pedirte eso porque pienso que las malas personas necesitan jugar con los que le quieren de verdad. Simplemente, te prometo mostrar indiferencia hacia ti, hacia tus sucias palabras y hacia el daño que me intentes hacer.
No puedo pedirte que me pidas perdón, porque tu boca ha pronunciado tantas veces esa palabra que para mí, ha perdido todo el valor que tuvo la primera vez que me lo dijiste. Además, tampoco te serviría de mucho, porque no te perdonaría, una vez más no.
No puedo pedirte que cambies por mí, porque sé que no lo harás, ya que no lo haces ni por ti. Quizá, dentro de un tiempo, me dirás que te has quedado solo y que ya nadie te quiere ni nadie te cree. También me dirás probablemente que te arrepientes y que necesitas que vuelva a tu vida, pero estoy segura de que en esos tiempos seré feliz sin ti, otra persona ocupará un lugar más grande en mi corazón que el que tú has dejado hace nada. No te necesitaré ni te echaré de menos, porque pienso recordarte, claro que sí, pero te recordaré como el niñato que me hizo daño, el que me engañó y el que no debí haber perdonado tantísimas veces. Oiré tu nombre y sonreiré por haberte apartado de mi vida, tarde, pero mejor que nunca.
No puedo pedirte que seas desgraciado sin mí, y es que hay muchas razones por las que no puedo pedírtelo...La primera es que sé que mis palabras, mis lágrimas y mi dolor no te causa la más mínima reacción, sé que te encanta hacerme daño. Tampoco puedo pedirte eso porque no soy tan mala como tú, no soy capaz de desearte ningún mal por el simple hecho de que te odio tanto, que no puedo ser como tú.
No puedo pedirte que no vuelvas a mi vida, porque sé que volverás, tarde o temprano, pero volverás. Solo sé que yo seré lo bastante fuerte como para rechazarte, lo bastante feliz como para decirte que te vayas, que no te quiero y que odio es lo único que te tengo.
No puedo pedirte que dejes de insultarme a las espaldas, porque sé que no dejarás de hacerlo, pero cuando me entere, reiré alocadamente pensando en lo cobarde que eres al decirlo a la espalda, en lo poquita cosa que eres comparado conmigo y en lo mucho que pierdes dejándome ir.
Sin embargo, puedo pedirte muchas cosas, puedo pedirte que seas feliz y que dejes de hacer daño a los que te quieren, porque solo ellos responderán por ti en momentos malos. Te pido que dejes de jugar con los sentimientos de la mujer que te dio la vida, por la simple razón de que ella te quiere, y sabe que no eres perfecto, pero te acepta tal y como eres. Deja de hacerla infeliz. Te pido que encuentres a una persona que te haga verdaderamente un hombre, que te haga cambiar, porque yo lo he intentado mil veces y eres tan cabrón que ni te inmutabas en mostrar un mínimo cambio. Te pido que des todo por una chica, y no la engañes con otras, porque entiendo perfectamente lo que se siente cuando tú te vas con otras chicas. Te pido, también, que seas feliz sin dañar a los demás, que te dediques a tocar la guitarra como sabes, porque tienes talento, pero no hagas daño a aquellos que se preocupen por ti. Te pido por último que no digas más mentiras, porque tu reputación cae cada vez que no dices la verdad; y te pido que estudies, porque me importas y sé que tú vales para ello.
Debo confesar que, escribiendo esta entrada, me he derrumbado en varias ocasiones, porque han sido dos años intensos de los que me despido en una simple entrada. No puedo negar que te amo, no puedo negar que te amé y tampoco puedo negar que me costará olvidarte. Pero debo decirte también que ahora empezaré una etapa de hacer caso a la cabeza, haré caso a la razón hasta que te olvide completamente.
Adiós, capullo. Te quise, te amo y te amaré, pero ante todo, en un tiempo, te olvidaré. Se acabó eso de sufrir por ti.
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