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jueves, 13 de septiembre de 2012

Cuestión de segundos.

Definitivamente, todo puede cambiar en un minuto. El día 10 de Septiembre todo parecía ser prometedor e infinitamente precioso. Me levanté pensando en volver a verlos a todos, en volver a insultar a esa persona que, aunque lo nuestro es un odio raro, la quiero un montón. En volver a llamar choni a mi Lara Villanueva, en volver a ser esa Carla payasa en clase.

Pero duró poco, llegué a clase, nos abrazamos a pesar de habernos visto hacía dos días. Y todo parecía perfecto. Subimos a clase pensando en que aquel curso iba a ser mejor que el anterior. Pero no, lectores. Nos han mezclado con gente a la que no conozco y los de toda la vida ya no están seis horas a mi lado. Y, sinceramente, les echo de menos.

Echo de menos a Irene Pérez y su forma de planear asesinatos. Echo de menos a Irene Antón y sus frases, palabras y tonterías. Echo de menos a Marta y su bordería especial, pero que necesito en clase. Echo de menos a Javier y sus originales insultos. Echo de menos a Guillermo Pérez y sus conversaciones pervertidas. Echo de menos a Deborah y sus incesantes historias amorosas. Echo de menos a mi clase, y eso es algo que me afecta más de lo que imaginé.

Echo de menos esas horas de fotos en gimnasia con mis niñas y esas otras de risas con Juan Antonio y los extraterrestres. Echo de menos hablar con Alberto e intentar ayudarle en todo lo que pudiese. Echo de menos parlotear con Álvaro y que me llamase tonta e idiota por decir mil tonterías por segundo.

Os echo de menos, 2º A. Pero los fin de semanas libres que tengamos serán nuestros, y este, es uno de ellos.

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